Lic. Ulises
Ruiz Ortiz
Gobernador del Estado Libre y Soberano
de Oaxaca;
Lic. Jorge González Ilescas
Presidente del Comité Directivo Estatal
del Partido Revolucionario Institucional;
Distinguidos Miembros del Presidium
Distinguidos Invitados
Estimados compañeros de partido
Muchas gracias a todos y
cada uno de ustedes, por acompañarnos en esta ceremonia en memoria de uno de
los ideólogos del Partido Revolucionario Institucional, Luis Donaldo Colosio
Murrieta.
Los poetas son seres
privilegiados que pueden expresar en un verso lo que no se puede explicar con
palabras; de niño Luis Donaldo memorizó un poema a la espera de poder
declamárselo al autor y tal vez en la esperanza de validar en la realidad su
profundo contenido:
“Lo que con ruedas invisibles pasa y con saetas
silenciosas hiero. No es el tiempo, reloj, que el minutero ciñe al circuito de
tu pista escasa.
El tiempo no se va. Queda la casa y perdura el jardín…
hasta el lucero, que me enseña a vivir de lo que muero y se nutre del incendio
en que se abrasa.
Mientras tanto, los días y las horas giran en tu
cuadrante, sin sentido, buscando inútilmente esa presencia. Que sólo advierto
en mí cuando me ignoras; pues con tus pasos, tiempo, lo que mido no es tu
premura, sino mi impaciencia…”
Este poema que llenó la
imaginación de la infancia de Luis Donaldo, se haría realidad muy pocos años
después, cuando el tiempo habría de medir su impaciencia por calmar la sed de
justicia y pagar la deuda que el Estado mexicano tiene con el pueblo rural de
México, ese pueblo que hizo la revolución y alimentó con su sangre las
instituciones.
Su impaciencia estaba
justificada, pues el tiempo le había fijado un plazo perentorio para sembrar en
la cantidad y profundidad suficiente, la semilla de la reforma del poder; la
modernización económica; la legitimación política; cambio con responsabilidad;
autonomía partidaria; competitividad política; federalismo; y, educación
nacionalista. Puntualmente, como lo hacen los hombres de honor, cumplió el
mandato del destino, Luis Donaldo planteó en las ocho ideas apuntadas, lo que
se proponía realizar en el ejercicio de la presidencia:
Quienes se sintieron
ofendidos con la propuesta y lastimados en sus cotos de poder, pensaron que
podrían cortar de tajo cualquier amenaza a sus privilegios y con ello asegurar
la continuidad del disfrute de la riqueza de pocos, sobre la miseria de muchos;
pero no se percataron que Luis Donaldo había traspasado ya, la barrera del
discurso para transformarse en la esperanza de México y que, con su sangre
alimentaría los conceptos sembrados, que poco tiempo después se harían visibles
en los hombres y las mujeres, que amantes de la libertad y del beneficio de las
instituciones, los llevarían al resultado de un partido independiente, amante
de la concordia, procurador de la unidad nacional y representante genuino de la
diversidad de la actitud, misión y visión de cada uno de los mexicanos.
La buena semilla siempre da
árboles fuertes, generosos en su sombra y en sus frutos, ahí están para
ejemplo: Ulises Ruiz Ortiz y Roberto Madrazo Pintado, que asumen el liderazgo
en el momento en que la alternancia presagiaba aniquilación, para tomar la
bandera del partido, que a media hasta había colocado la tragedia y después del
réquiem necesario, la han enarbolado, para simbolizar la bienvenida al reto de
la legitimación en el poder y al reencuentro con la verdadera naturaleza
jurídica de la federación; pues ahora con beneplácito comprobamos día a día,
que cada estado asume su responsabilidad y cada gobernador su misión, que el
partido lleva la militancia al ejercicio del poder y con ello se están
alcanzando los niveles exigidos por la democracia.
Parafraseando al poeta, yo
le pido al tiempo, modere su premura, y, paciencia a la esperanza; pues pronto,
muy pronto, con guías como Ulises Ruiz Ortiz y Roberto Madrazo Pintado,
obtendremos el triunfo definitivo.
Muchas gracias.
(Discurso del día
23 de marzo de 2005)