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LA POLITICA COMO FILOSOFÍA, CIENCIA Y ARTE
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ANDRÉS AVELINO SORIANO MONTES

La política es una ciencia ya que cumple con los requisitos de necesidad, universalidad y sistematización, que son perfectamente identificables a partir del paso de la tradición de la “buena sociedad” derivada de los postulados religiosos a la respuesta a las interrogantes que la sociedad renacentista reclama, proponiendo estudiar la política de manera práctica y laica, es decir verla como es y no como debiera ser, si los hombres fueran seres sin pasiones. Nace así, la ciencia política como la disciplina que estudia la organización del gobierno, el Estado y el Poder.

La política es arte, pues es la obra humana que expresa la naturaleza social del individuo y por lo tanto, debe ser aplicada con habilidad, talento y destreza.

Es filosofía, pues no conforme con explicar las causas de la certeza que enuncia y por lo tanto la causa próxima; busca la causa suprema, cuando intenta fijar un orden justo, valido para toda la humanidad.

El discurso pronunciado por Luis Donaldo Colosio, el seis de marzo de mil novecientos noventa y cuatro, que a continuación se transcribe, es un ejemplo del arte, ciencia y filosofía de la política:

DISCURSO DEL 6 DE MARZO DE 1994

MEXICO, D. F., 6 DE MARZO DE 1994.

CELEBRACION DEL LXV ANIVERSARIO DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL, FRENTE AL MONUMENTO DE LA REVOLUCION.

 

Aquí esta el PRI con su fuerza; aquí está con sus organizaciones; con su militancia; con la sensibilidad de sus mujeres y hombres. Aquí está con su recia vocación política para alentar la participación ciudadana, para mantener la estabilidad del país, y preservar la unidad de los mexicanos. Aquí está el PRI de fin de siglo, en pie de lucha. Aquí está el PRI celebrando 65 años de intensa vida política.

Están presentes nuestras organizaciones, nuestra dirigencia de todo el país, nuestros militantes, nuestros líderes. Este es el PRI que ha impulsado la modernización de los últimos años.

Aquí está el PRI que hoy reconoce los logros, pero que también sabe de las insuficiencias y de los problemas pendientes.

Aquí está el PRI que hoy reconoce que la modernización económica sólo cobra verdadero sentido cuando se traduce en mayor bienestar para las familias mexicanas, y para que sea perdurable, debe acompañarse del fortalecimiento de nuestra democracia.

Esa es la exigencia que enfrentamos, a ella responderemos con firmeza.

El PRI reconoce que su responsabilidad es la mayor para el avance político del país.

Los priístas sabemos que ser herederos de la Revolución Mexicana es un gran orgullo, pero que ello no garantiza nuestra legitimidad política. Debemos ganarla día a día con nuestras propuestas, con nuestras acciones. Como partido tuvimos un nacimiento que nos enorgullece. El PRI evitó que México cayese en el círculo vicioso de tantos países hermanos de Latinoamérica que perdieron décadas entre la anarquía y la dictadura. La estabilidad, la paz interna, el crecimiento económico y la movilidad social son bienes que hubieran sido inimaginables sin el PRI. Pero nuestro origen debe ser fuente de exigencia no de complacencia, ni de inmovilismo.

Sólo los partidos autoritarios pretenden fundar su legitimidad en su herencia. Los partidos democráticos la ganamos diariamente.

Surgimos de una Revolución que hoy sigue ofreciendo caminos para las reivindicaciones populares; a sus principios de democracia, libertades y justicia, nos debemos. Los ideales de la Revolución inspiran las tareas de hoy; la Revolución Mexicana, humanista y social, nos exige y nos reclama. Es, todavía, nuestro mejor horizonte.

Encabezamos una nueva etapa en la transformación política de México. Sabemos que, en ese proceso sólo la sociedad tiene un papel asegurado. Los partidos tenemos que acreditar nuestra visión. En esta hora, la fuerza del PRI surge de nuestra capacidad para ofrecer el cambio con responsabilidad, que exige la nación.

Nuestra vinculación histórica con el gobierno nos aseguró la oportunidad de participar en los grandes cambios de México. La fuerza del gobierno fue; en buena medida, la razón de nuestra fuerza. Hoy, el momento es otro: sólo nuestra capacidad, nuestra propia iniciativa, nuestra presencia en la sociedad y nuestro trabajo, nos darán fortaleza.

Nadie podrá sustituir nuestro esfuerzo; nadie podrá asegurarnos un papel en la transformación de México, si nosotros no luchamos por él y si no lo ganamos ante los ciudadanos.

Quedó atrás la etapa en que la lucha política se daba, esencialmente, al interior de nuestra propia organización, y no con otros partidos. Ya pasaron esos tiempos; vivimos en la competencia, y a ella tenemos que acudir. Para hacerlo, se dejan atrás viejas prácticas: la de un PRI que sólo dialogaba consigo mismo y con el gobierno; las de un partido que no tenía que realizar grandes esfuerzos.

Como un partido en competencia, el PRI hoy no tiene triunfos asegurados, tiene que luchar por ellos y asumir que, en la democracia, sólo la victoria dará estatura a nuestra presencia política.

Cuando el gobierno ha pretendido concentrar la iniciativa política, ha debilitado al PRI. Por eso, hoy ante la contienda electoral, el PRI sólo demanda del gobierno imparcialidad y firmeza en la aplicación de la ley. No queremos ni concesiones al margen de los votos, ni votos al margen de la ley.

No pretendemos sustituir las responsabilidades del gobierno. Tampoco pretendemos que el gobierno desempeñe la función que nos corresponde a nosotros como Partido.

Hoy, estamos en una auténtica competencia. El gobierno no nos dará el triunfo. El triunfo vendrá de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo, de nuestra dedicación.

Los tiempos de la competencia política en México han acabado con toda la presunción de la existencia de un partido de Estado. Los tiempos de la competencia política son la oportunidad del PRI para convertir su gran fuerza en independencia con respeto al Gobierno.

Hoy somos la opción que ofrece cambio con responsabilidad somos la opción que mejor conoce lo que se ha hecho desde el gobierno, que sabe de los resultados de los programas, de sus aciertos y de los errores.

Somos la opción capaz de conservar lo que ha tenido éxito, y de encontrar nuevos caminos de solución para los problemas pendientes.

No entendemos el cambio como un rechazo indiscriminado a lo que otros hicieron; lo entendemos como la capacidad de aprender y de innovar para superar deficiencias y obstáculos. ¡Cambiemos!, sí, ¡cambiemos!, pero cambiemos con responsabilidad, consolidando los avances reales que se han alcanzado y, por supuesto, manteniendo lo propio: nuestros valores, nuestra cultura.

 

México no quiere aventuras políticas, no quiere saltos al vacío, no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron   ser ineficaces. México requiere democracia, pero rechaza su perversión: que es la demagogia.

 

Ofrecemos cambio con rumbo y estabilidad, con paz y tranquilidad. Se equivocan quienes piensan que la transformación democrática de México exige la desaparición del PRI. No hemos estado exentos de errores, pero difícilmente podríamos explicar el México contemporáneo, sin la contribución de nuestro Partido. Por eso, pese a nuestros detractores y a la crítica de nuestros opositores, somos orgullosamente  priístas.

 

Debemos admitir que hoy, necesitamos transformar la política, para cumplirle a los mexicanos. Proponemos la reforma del poder y una nueva relación del ciudadano con el Estado.

 

Hoy, ante el priísmo, ante los mexicanos, expreso mi compromiso de reformar el poder de democratizarlo y acabar con cualquier vestigio de autoritarismo.

 

Sabemos que el origen de muchos de nuestros males, se encuentra en una excesiva concentración del poder, que da lugar a decisiones equivocadas, al monopolio de las iniciativas, a los abusos y a los excesos.

 

Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto estrictamente a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático.

 

Reformar el poder significa fortalecer y respetar las atribuciones del Congreso Federal.

 

Reformar el poder significa hacer del sistema de impartición de justicia la instancia independiente de máxima respetabilidad y certidumbre entre las instituciones de la República.

 

Reformar el poder significa llevar el gobierno a las comunidades a través de un nuevo federalismo; significa también nuevos métodos de administración para que cada ciudadano obtenga respuestas eficientes y oportunas cuando requiere servicios, cuando plantea problemas, o  cuando sueña en horizontes más cercanos a las manos de sus hijos.

 

Esos son mis compromisos con la reforma del poder. Así, cada ciudadano tendrá más libertades, más garantías para que sus intereses sean respetados, para gozar de seguridad y de una aplicación imparcial de la ley.

 

Los priístas creemos en el cambio con responsabilidad, por eso hemos hecho nuevas propuestas y asumimos nuevas tareas: convocamos, antes que nadie, a un debate entre candidatos a la Presidencia; hemos alentado los acuerdos entre partidos; hemos planteado revisar el listado de electores; hemos solicitado la participación de observadores y la integración de un sistema de resultados oportunos. Por eso, también hemos resuelto dar transparencia a nuestros gastos.

 

Estamos por elegir candidatos a diversos cargos de elección popular. Tenemos que aprovechar ese proceso para dar mayor fuerza a nuestra organización. Todos los priístas debemos estar presentes en los comités; debemos realizar tareas de partido. No queremos candidatos que al ser postulados, los primeros sorprendidos en conocer su pretendida militancia en el Partido, somos los propios priístas.

 

Asumimos todos estos compromisos de reforma republicana, democrática y federal; de reformas en los procedimientos electorales y su contexto; y de reforma interna en el PRI, porque estamos consientes de que nuestra sociedad ha cambiado y que demanda un cambio consecuente en las prácticas políticas.

 

Como Candidato a la Presidencia, reafirmo mi compromiso indeclinable con la transformación Democrática de  México. El PRI participará con civilidad y respeto a nuestro pluralismo, en las elecciones del 21 de agosto.

 

Que se entienda bien, ese día, sólo podrá haber un vencedor; sólo es admisible el triunfo claro, inobjetable, del pueblo de México.

 

Para que el pueblo de México triunfe el 21 de agosto, los partidos habremos de sujetamos  a la ley,  sólo a ella, sin ventajas para nadie, sin prepotencia, sin abusos, sin arbitrariedades.

 

Por ello, congruente con mi exigencia de una elección democrática, aspiro a que el Congreso de la Unión decida  las reformas electorales que procedan, a partir de consensos  que los partidos hemos venido construyendo, en el marco del Acuerdo por la Paz, la Democracia y la Justicia, firmado el 27 de enero.

 

Aspiro a que juntos ampliemos la autonomía y financiemos la imparcialidad de nuestros organismos electorales, a fin de que la voluntad popular, y sólo ella, determine el resultado de los comicios.

Confiabilidad, certeza, regularidad y limpieza electorales, no puede seguir siendo sólo aspiraciones; han de ser realidades que se impongan en la conciencia ciudadana. De ahí nuestro compromiso con la participación de observadores en el proceso electoral.

La elección de la sociedad; por tanto, no puede ser asunto cerrado; su transparencia exige la participación de observadores y no excluye que de ella pueda darse el más amplio testimonio, tanto por parte de nuestros ciudadanos como de visitantes internacionales.

De ninguna manera tenemos por qué mirar con temor a quienes desean conocer la naturaleza de nuestros procesos electorales y de nuestra democracia. Nuestras elecciones, y lo digo con pleno convencimiento, no tendrán vergüenza que ocultar.

El PRI estará al frente del avance democrático de México, asumiendo sus responsabilidades y respondiendo a las exigencias de la sociedad mexicana.

En estos meses de intensos recorridos por todo el país, de visita a nuestras comunidades, de contacto y diálogo con mi Partido y la Ciudadanía, me he encontrado con el México de los justos reclamos, de los antiguos agravios y de las nuevas demandas; en el México de las esperanzas, el que exige respuestas y el que ya no puede esperar.

Es el México que nos convoca hoy; el que convoca mi conciencia; al que hemos de darle seguridad y rumbo en la nueva etapa del cambio.

Yo veo un México, de comunidades indígenas que no pueden esperar más las respuestas a sus exigencias de justicia, de dignidad y de progreso; de comunidades indígenas que tienen la gran fortaleza de su cohesión, de su cultura y que están dispuestas a creer, a participar y a construir nuevos horizontes.

Yo veo un México en el que los campesinos aún no reciben las respuestas que merecen. He visto un campo empobrecido y endeudado. Pero también he visto un campo con capacidad de reaccionar y rendir frutos, si se establecen y arraigan los incentivos adecuados. Veo un campo con gran vocación productiva, un campo que está llamado a jugar un papel decisivo en la nueva etapa de progreso del país.

 

Yo veo un México de profesionistas que no encuentran los empleos en los que puedan desarrollar sus aptitudes y destrezas; maestras, maestros, universitarios, investigadores que piden reconocimiento a su vida profesional, la elevación de sus ingresos y condiciones favorables para el rendimiento académico; técnicos que buscan oportunidades para aportar su mejor esfuerzo. Todos ellos son las mujeres y los hombres, que mucho han contribuido a la construcción del país en que vivimos y a los que habrá que responderles.

Yo veo un México con hambre y sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían servirla; de mujeres y hombres afligidos por abusos de las autoridades, o por la arrogancia en las oficinas de gobierno. Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad; ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan; ciudadanos que aún tienen esperanza y que están dispuestos a sumar para alcanzar el progreso.

Yo veo un México convencido de que éste es el momento de las respuestas, un México que exige soluciones. Los problemas que enfrentamos los podemos superar. Yo me propongo encabezar el gobierno para responderle a los mexicanos. El cambio con rumbo y responsabilidad no puede esperar.

Yo veo un México en donde existen trabajadores que no encuentran los empleos y salarios que demandan; pero también un México de trabajadores que se han sumado decididamente al esfuerzo productivo y a los que hay que responderles con puestos de trabajo, adiestramiento y capacitación, y mejores salarios.

Yo veo un México de jóvenes que enfrentan todos los días la difícil realidad de la falta de empleos, que no siempre tienen a su alcance los mejores caminos para su preparación y educación. Jóvenes que muchas veces se ven orillados a la delincuencia y a la drogadicción. Pero también veo jóvenes que cuando cuentan con las oportunidades que demandan, participan con su energía, de manera decisiva, en el progreso de la nación.

Yo veo un México de mujeres que aún no cuentan con las oportunidades que les pertenecen; mujeres con gran capacidad para enriquecer nuestra vida económica, social y política; mujeres, en suma, que reclaman una participación más plena y justa en el México de nuestros días.

Yo veo un México de empresarios, a veces, desalentados por el burocratismo, el mar de trámites y la discrecionalidad de las autoridades; son gente creativa y entregada; dispuesta al trabajo y al riesgo, que quiere oportunidades, que demanda una economía que les ofrezca condiciones más favorables.

Manifiesto mi más profundo compromiso con Chiapas. Por eso debemos escuchar todas las voces. No debemos admitir que nadie monopolice el sentimiento de los chiapanecos.

Expreso mi solidaridad a todos aquéllos chiapanecos que aún no han dicho su verdad; a todos aquéllos que tienen una voz que expresar; y a todos aquéllos que tienen una palabra que transmitir. Debemos decir si nos asumimos plenamente como una sociedad plural, o sólo concesionamos a algunos la interlocución de nuestros intereses.

Chiapas es un llamado a la conciencia de todos los mexicanos; pero nuestra propuesta de cambio no se limita a responder sólo a Chiapas, le queremos responder a todos los mexicanos, a los de todos lo pueblos, a los de todos los barrios, a los de todas las comunidades.

Queremos cumplirle a todos los chiapanecos, pero también a nuestros compatriotas de la Huasteca, a los de la Laguna, a los de la Montaña de Guerrero, a los de la Sierra Norte de Puebla, a los de Tepito y a los de las barrancas de Alvaro Obregón en el Distrito Federal, a los del Puerto de Anapra en Ciudad Juárez, a los de la Colonia Insurgentes en Guadalajara, a los de San Bernabé en Monterrey. Mi compromiso es luchar contra la desigualdad y evitar crear nuevos privilegios de grupos o de región.

Los mexicanos, ante el conflicto, hemos ratificado nuestra unidad esencial bajo la bandera, y nuestro ánimo de concordia. Nuestras instituciones políticas probaron su legitimidad y su eficacia; de la solución del conflicto han salido fortalecidas.

Desde aquí manifiesto mi reconocimiento al Ejército Mexicano por su patriotismo, lealtad  y entrega en la defensa del interés y la unidad nacionales.

Frente a Chiapas, los priístas debemos reflexionar. Como Partido de la estabilidad y de la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros.

Tenemos que asumir esta autocrítica y romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida, superar las actitudes que debilitan nuestra capacidad de innovación y cambio.

Recuperaremos nuestra iniciativa, nuestra fuerza para representar las mejores causas, para ofrecer caminos de paz, para responder ante las injusticias.

 

Recuperaremos estos valores, hagámoslo en esta campaña, empecemos por afirmar nuestra identidad, nuestro orgullo militante y afirmemos nuestra independencia del gobierno.

Es la hora de un nuevo impulso económico. Es la hora de crecer, sin perder la estabilidad financiera ni la estabilidad de precios. El programa económico de los últimos años tuvo el propósito de sentar nuevas bases para un crecimiento sano de la economía. Hoy, podemos alcanzarlo. Pero el nuevo crecimiento tiene que ser distribuido más equitativamente.

Que no quepa la menor duda, México cerrará el siglo con una economía mucho más fuerte. Existen las condiciones para hacerlo, la sociedad lo demanda. La tarea del crecimiento con estabilidad será de todos los mexicanos.

Es la hora de la confianza para todos, la de traducir las buenas finanzas nacionales en buenas finanzas familiares; la de convertir la estabilidad económica en mejores ingresos para el obrero, el campesino, el ganadero, el comerciante, el empleado, el oficinista, el artesano, el profesionista, el intelectual, las maestras y los maestros.

Es la hora de los apoyos efectivos y del impulso al esfuerzo que realizan las mujeres y hombres de la micro, pequeña y mediana empresa, que los lleve a superar dificultades, ampliar sus negocios, mejorar tecnologías y  ser más competitivos en los mercados.

Es la hora del gran combate a la desigualdad; de la superación de la pobreza extrema, de la garantía para todos de educación, salud y acceso a una vivienda digna. Esa es la reforma social de la que hablé en Huejutla.

Es la hora de hacer justicia a nuestros indígenas, de superar sus rezagos y carencias y de respetar su dignidad. Como lo dije en San Pablo Guelatao, vamos a celebrar un nuevo pacto del Estado con nuestras comunidades indígenas.

Es la hora de nuevas oportunidades en el campo, como me comprometí en Anenecuilco; de enfrentar la pobreza y de mejorar los niveles de vida de los campesinos.

Es la hora de que el artículo 27 de la Constitución se exprese en bienestar; justicia y libertad para los hombres del campo; de acabar, para siempre, con todo vestigio de latifundio; de dar certidumbre al ejido, a las tierra comunales y a la pequeña propiedad. Es la hora de impulsar la reforma agraria para nuestro tiempo.

 

Es la hora promover la inversión en el campo y alentar la participación de los campesinos. Es la hora de la solución a los problemas de las carteras vencidas y del crédito caro y escaso; de las acciones para asociar los esfuerzos de los productores, que permitan constituir cajas de ahorro, uniones de crédito y poner en marcha mejores mecanismos de comercialización.

Es la hora del desarrollo de nuestras regiones, para aprovechar mejor los recursos, las capacidades y el gran talento humano de cada comunidad del país, de cada municipio y de cada Estado. Un desarrollo regional que abra las esperanzas en cada rincón de México, que canalice recursos para mejorar la infraestructura, los servicios, y las comunidades.

Es la hora de superar la soberbia del centralismo, como lo dije en Jalisco; de apoyar decididamente al municipio; es la hora del nuevo federalismo; es la hora de dotar de mayor poder político y financiero a nuestros estados, como lo dije en Tabasco. Es la hora de garantizar plenamente la conservación de nuestros recursos naturales, de nuestro medio ambiente y de nuestra ecología.

Es la hora de una educación nacionalista y de calidad para la competencia; es la hora de nuestras escuelas; tecnológicos y universidades públicas; es la hora de la gran infraestructura para la capacitación de todos los mexicanos que quieren progresar.

La educación es nuestra mejor batalla para el futuro; a ella destinaremos mayores recursos.

Es la hora de reformar el poder, de construir un nuevo equilibrio en la vida de la República. Es la hora del poder del ciudadano. Es la hora de la democracia en México.

Es la hora de hacer de la buena aplicación de la justicia el gran instrumento  para combatir el cazicazgo, los feudos de poder y el abandono de nuestras comunidades.

Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, la corrupción y la impunidad.

Es la hora de la nación. Es la hora de ser fuertes todos haciendo fuerte a México. Es la hora de reafirmar los valores que nos unen; del cambio con rumbo seguro, para garantizar la paz y tranquilidad a nuestros hijos.

La única continuidad que propongo es la del cambio que conserve lo valioso. Queremos un cambio con responsabilidad, en el que no se olvide ningún ámbito de la vida del país. Queremos un cambio democrático, para una mejor economía y para un mayor desarrollo social. Hoy existen las condiciones para hacerlo, la sociedad lo demanda.

Hoy queda claro que los cambios no pueden ser marginales, ni aislados. La vía del cambio corre en igual sentido, y en igual intensidad y urgencia, por el campo de la política, de la economía y del bienestar.

Con firmeza, convicción y plena confianza declaro: Quiero ser Presidente de México para encabezar esta nueva etapa de cambio.

Compañeras y compañeros, amigas y amigos;

Asumo el compromiso de una conducción política para la confianza, en este fin de siglo; una condición política responsable para llevar a cabo los cambios que requerimos, para cerrarle el paso a toda intención desestabilizadora, de provocación, de crisis, de enfrentamiento.

Haremos de nuestra capacidad de cambio, el mejor argumento para convocar la confianza de los mexicanos, para garantizar la paz, para fortalecer nuestra unidad. Somos una gran nación porque nos hemos mantenido básicamente unidos, pero unidos con respeto a la pluralidad.

Queremos un México fuerte. Queremos un México soberano, un México de libertades. Queremos un México con paz, porque son amplios los cauces de la democracia y la justicia. Hay sitios para todos en el México por que luchamos afanosamente.

Soy un mexicano con raíces populares; soy un mexicano que ha recorrido muchas veces el país; que no cesa de maravillarse ante su variedad y riqueza humana; y no cesa tampoco de advertir sus dolores y carencias. Me apasiona convivir, compartir, escuchar, comprender al pueblo del que formo parte. Aprendo diariamente de sus actitudes francas y sencillas.

Reitero que provengo de una cultura del esfuerzo, y no del privilegio. Como mis padres, como mis abuelos, soy un hombre de trabajo, que confía más en los hechos que en las palabras. Pero, por eso mismo, soy un hombre de palabra, y la empeña ahora mismo para comprometerme al cambio que he propuesto: un cambio con rumbo y responsabilidad.

El gran reclamo de México es la democracia. El país quiere ejercerla a cabalidad. México exige, nosotros respondemos. Como Candidato a la Presidencia de la República, estoy listo también.

Demos nuestro mayor esfuerzo en esta lección. ¡Vamos por la victoria!

¡Ganémosla con México! ¡Ganémosla para México!

¡Viva el PRI!

¡Viva México!

 

Ahí está el programa, el ideal, el método, la propuesta y búsqueda de la verdad suprema, de lo cual podemos inferir los siguientes conceptos: un partido político que valga por si mismo; un partido político que responda a los intereses del pueblo; la separación de la búsqueda del poder, de quien ejerce el poder; esta semilla política, es ya un árbol fuerte que en breve empezará a dar frutos, gracias a la inteligencia, dedicación, compromiso e interpretación del anhelo nacional, del Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del partido Revolucionario Institucional, Licenciado Roberto Madrazo Pintado, quien ha logrado hacer realidad el programa, ideal y método propuesto por Luis Donaldo Colosio, pues de lo que recibió, una estructura con severos daños que anunciaban su derrumbe, ha hecho un partido político, lo suficientemente sólido y fuerte, como para dar muchos Presidentes de la República.

Los encuentros programados por el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional y la Fundación Colosio, Asociación Civil, que preside la Licenciada Beatriz Paredes, para llegar a la XIX Convención Nacional, constituyen las estaciones del camino hacia la decisión de la militancia sobre la forma de elección del priista que habrá de participar a nombre del partido en la contienda presidencial del año 2006. El presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, definió en una sola frase el método:

"Primero construyamos el programa y después busquemos al abanderado"

Con la protesta rendida por Roberto Madrazo Pintado, el nueve de Diciembre del año dos mil cinco, como candidato de la Alianza por México PRI-PVEM, se corrobora la congruencia entre la acción política y los Principios del Partido Revolucionario Institucional, ya que como lo propuso en su oportunidad su presidente, primero se elaboró el programa, el cual se logró con la participación de los miembros, militantes, cuadros, sectores y organizaciones y este mismo elemento humano más los simpatizantes, decidieron que la mejor opción para la búsqueda de la Presidencia de la República es Roberto Madrazo Pintado; por lo que, ahora nos proponemos, que una vez conseguida la Presidencia de la Republica, Roberto Madrazo Pintado ya Presidente de la República, ponga en marcha lo que en su momento fue programa de acción, como programa de gobierno, en el cual están incluidas todas las voces de los mexicanos, lo que garantiza la satisfacción de sus necesidades y anhelos y por ende un buen gobierno.

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